El cuidado también es político:
un fallo histórico y lo que abre para
las familias diversas en América Latina
Cuando nació su bebé, ambas ya sabían que el mundo no estaba preparado para recibir a su familia. Paola y Andrea — nombres ficticios para proteger su identidad — habían construido juntas un proyecto de maternidad consciente y compartido: Andrea gestó al bebé, Paola aportó el óvulo a través del método ROPA -Recepción de Óvocitos de la Pareja-, un procedimiento que permite que las dos mujeres participen activamente en el proceso reproductivo. Las dos son madres. Las dos amamantan. Las dos maternan. Pero el sistema tenía otra idea.
Cuando Paola fue a pedir su licencia de maternidad, la EPS Sanitas le otorgó solo 14 días, los correspondientes a una licencia de paternidad. En los meses siguientes, dos juezas fallaron en su contra. Una de ellas la llamó «donante de óvulos». Otra sugirió que se trataba de un embarazo subrogado. «Fue muy difícil emocionalmente recibir esas negativas y esa violencia narrativa», recuerda Paola, «además de los daños materiales que estábamos recibiendo en consecuencia de esas decisiones.»
Lo que vino después fue una batalla jurídica y narrativa que llegó hasta la Corte Constitucional de Colombia y que logró iluminar la manera en que ese país entiende la maternidad. Un fallo histórico para la región entera.
Un fallo que dice: usted es madre
En marzo de 2026, la Corte Constitucional emitió la sentencia SU-068, un hito para las familias diversas en Colombia. Por primera vez, el máximo tribunal del país reconoció que las madres no gestantes también tienen derecho a licencia de maternidad, a protección laboral reforzada y al reconocimiento pleno de su rol como cuidadoras. Además, exhortó al Congreso a rediseñar el sistema de licencias parentales para que reconozca la pluralidad familiar y garantice el cuidado como un derecho fundamental.
Para Paola, el fallo fue algo más que una victoria legal. «Que desde una institución como una alta corte venga este fallo y diga: ‘No, un momento, usted es madre’… después de tantos portazos y tantas negativas, que alguien confirme que todas esas personas que negaron mi maternidad, están erradas… siento que es muy sanador.»
Pero el alcance del fallo va más allá de su historia. Como señala Andrea, «Si una alta corte en un país dice: ‘Oiga, hay otras formas de ser familia y hay otras formas de cuidar’, es un gran primer paso para que las personas de las instituciones y las personas de a pie — los que hacen familia y los que esperan poder tener estos derechos — también empiecen a repensarlo.»
El sistema no refleja la realidad
Uno de los hallazgos más reveladores que dejó este proceso no fue jurídico, sino cotidiano. Paola cuenta que, al salir a la calle con su bebé y mencionar que tiene dos mamás, la reacción más frecuente no es de sorpresa ante una familia lésbica, sino de confusión: la gente asume que la “otra mamá” es la abuela del bebé.
«Hay una asociación inmediata un tipo de familia que está más integrada en la cabeza de la gente y más normalizada en la sociedad: que si un bebé tiene dos mamás es porque lo cuidan dos mujeres, su abuela y su mamá», reflexiona. «Y eso me hace pensar que el país está constituido mucho más por familias que no son conformadas por un papá y una mamá — familias de dos mamás, familias de madres solteras — pero el sistema no refleja esa realidad.»
Esta brecha entre las familias que existen y las familias que el Estado reconoce no es exclusiva de Colombia. Es una constante en América Latina. Y sus consecuencias son concretas: mujeres que no piden sus licencias por miedo a perder el trabajo, parejas que no conocen sus derechos, instituciones que aplican definiciones rígidas sin comprender los casos reales.
«Me sorprendió encontrarme con muchas amigas y mujeres que no pidieron sus licencias, que aún teniendo el derecho no lo utilizaron», dice Andrea. «Como si pedir una licencia de maternidad fuera pedir demasiado.»
Brasil avanza, la región se mueve
Colombia no está sola en este movimiento. En Brasil, el presidente Lula Da Silva sancionó recientemente una ley que amplía la licencia de paternidad de 5 a 20 días de manera gradual hasta 2029 — una señal de que la región está, lentamente, repensando quién cuida y cómo se reconoce ese cuidado.
Estos cambios, aunque parciales, apuntan hacia una transformación más profunda: la del cuidado como derecho colectivo y no como responsabilidad individual. Porque como señala el fallo colombiano, el problema no es solo de quién recibe la licencia, sino de cómo una sociedad entera concibe el cuidado.
«¿Qué significa cuidar? ¿Para qué existe una licencia de maternidad? ¿Qué pasa cuando llega una vida al mundo y quiénes están en pro de ese cuidado?», pregunta Andrea. «Como salir de esta narrativa de que la licencia es “unas vacaciones” o un tiempo por el cual un trabajo no debería verse afectado, como si ese periodo de cuidado de un bebé no fuera la raíz de la vida.»
Una cartografía nueva
Paola imagina algo hermoso: una cartografía de la crianza en América Latina. Un mapa que muestre quién cuida realmente a los bebés de la región y que revele, de una vez, la enorme diversidad de familias que ya existen y que el sistema se empeña en ignorar.
«Creo que no somos conscientes de la cantidad que somos», dice. «Y que es mucho más lo que nos une que lo que nos diferencia. Que no nos beneficiamos solo nosotras, sino todas las familias que no son un papá y una mamá, que abundamos.»
El fallo de la Corte Constitucional de Colombia no resuelve todo. No cambia de inmediato las leyes, no elimina los prejuicios, no protege a todas las familias que hoy enfrentan las mismas barreras. Pero dice algo que importa: que el derecho al cuidado no puede depender de si una familia encaja en un molde. Y eso, en una región que está aprendiendo a mirarse con otros ojos, es un paso enorme.
O cuidado também é político:
uma decisão histórica e o que ela abre para
as famílias diversas na América Latina
Quando seu bebê nasceu, ambas já sabiam que o mundo não estava preparado para acolher sua família. Paola e Andrea — nomes fictícios para proteger suas identidades — haviam construído juntas um projeto de maternidade consciente e compartilhada: Andrea gestou o bebê, Paola contribuiu com o óvulo por meio do método ROPA — Recepção de Óvulos da Parceira —, um procedimento que permite que as duas mulheres participem ativamente do processo reprodutivo. As duas são mães. As duas amamentam. As duas maternam. Mas o sistema tinha outra ideia.
Quando Paola foi solicitar sua licença-maternidade, a EPS Sanitas concedeu apenas 14 dias, correspondentes a uma licença-paternidade. Nos meses seguintes, duas juízas decidiram contra ela. Uma delas a chamou de “doadora de óvulos”. Outra sugeriu que se tratava de uma gestação por substituição(anteriormente «barriga de aluguel»). “Foi muito difícil emocionalmente receber essas negativas e essa violência narrativa”, lembra Paola, “além dos danos materiais que estávamos sofrendo como consequência dessas decisões.”
O que veio depois foi uma batalha jurídica e narrativa que chegou até a Corte Constitucional da Colômbia e conseguiu reivindicar a forma como o país entende a maternidade. Uma decisão histórica para toda a região.
A voz que diz: você é mãe
Em março de 2026, a Corte Constitucional emitiu a sentença SU-068, um marco para as famílias diversas na Colômbia. Pela primeira vez, o mais alto tribunal do país reconheceu que mães não gestantes também têm direito à licença-maternidade, à proteção trabalhista reforçada e ao reconhecimento pleno de seu papel como cuidadoras. Além disso, exortou o Congresso a redesenhar o sistema de licenças parentais para reconhecer a pluralidade familiar e garantir o cuidado como um direito fundamental.
Para Paola, a decisão foi mais do que uma vitória jurídica. “Que uma instituição como uma alta corte venha com essa decisão e diga: ‘Não, espera um momento, você é mãe’… depois de tantas portas fechadas e tantas negativas, que alguém confirme que todas as pessoas que negaram minha maternidade estavam erradas… sinto que isso é muito reparador.”
Mas o alcance da decisão vai além da sua história. Como destaca Andrea: “Se uma alta corte em um país diz: ‘Olha, existem outras formas de ser família e outras formas de cuidar’, é um grande primeiro passo para que as instituições e as pessoas comuns — que formam famílias e que esperam poder ter esses direitos — também comecem a repensar tudo isso.”
Um sistema que não reflete a realidade
Uma das descobertas mais reveladoras desse processo não foi jurídica, mas cotidiana. Paola conta que, ao sair à rua com seu bebê e mencionar que ele tem duas mães, a reação mais frequente não é de surpresa diante de uma família lésbica, mas de confusão: as pessoas assumem que a “outra mãe” é a avó do bebê.
“Existe uma associação imediata a um tipo de família que está mais integrada na cabeça das pessoas e mais normalizada na sociedade: que, se um bebê tem duas mães, é porque ele é cuidado por duas mulheres, sua avó e sua mãe”, reflete. “E isso me faz pensar que o país é formado muito mais por famílias que não são compostas por um pai e uma mãe, mas sim por famílias com duas mães, famílias de mães solo — porém o sistema não reflete essa realidade.”
Essa distância entre as famílias que existem e as famílias que o Estado reconhece não é exclusiva da Colômbia. É uma constante na América Latina. E suas consequências são concretas: mulheres que não solicitam suas licenças por medo de perder o emprego, casais que não conhecem seus direitos, instituições que aplicam definições rígidas sem compreender os casos reais.
“Fiquei surpresa ao encontrar muitas amigas e mulheres que não solicitaram suas licenças, que mesmo tendo esse direito não o utilizaram”, diz Andrea. “Como se pedir uma licença-maternidade fosse pedir demais.”
O Brasil avança, a região se movimenta
A Colômbia não está sozinha nesse movimento. No Brasil, o presidente Lula da Silva sancionou recentemente uma lei que amplia a licença-paternidade de 5 para 20 dias de forma gradual até 2029 — um sinal de que a região está, lentamente, repensando quem cuida e como esse cuidado é reconhecido.
Essas mudanças, embora parciais, apontam para uma transformação mais profunda: a do cuidado como direito coletivo e não como responsabilidade individual. Porque, como aponta a decisão colombiana, o problema não é apenas quem recebe a licença, mas como toda uma sociedade concebe o cuidado.
“O que significa cuidar? Para que existe uma licença-maternidade? O que acontece quando uma vida chega ao mundo e quem está a favor desse cuidado?”, pergunta Andrea. “É preciso sair dessa narrativa de que a licença é ‘férias’ ou um período em que o trabalho não deveria ser afetado, como se esse tempo de cuidado de um bebê não fosse a raiz da vida.”
Uma nova cartografia
Paola imagina algo bonito: uma cartografia da criação de filhos na América Latina. Um mapa que mostre quem realmente cuida dos bebês da região e revele, de uma vez por todas, a enorme diversidade de famílias que já existem e que o sistema insiste em ignorar.
“Acho que não temos consciência de quantas somos”, diz. “E que é muito mais o que nos une do que o que nos diferencia. Que não somos apenas nós as beneficiadas, mas todas as famílias que não são um pai e uma mãe, porque somos muitas.”
A decisão da Corte Constitucional da Colômbia não resolve tudo. Não muda imediatamente as leis, não elimina os preconceitos, não protege todas as famílias que hoje enfrentam as mesmas barreiras. Mas ela diz algo importante: que o direito ao cuidado não pode depender de uma família caber ou não em um molde. E isso, em uma região que está aprendendo a se olhar com outros olhos, é um passo enorme.