Las plataformas digitales son territorio para el trabajo narrativo
Por minga
El cine, los libros, la radio y la televisión son medios donde históricamente circulan historias capaces de transformar nuestra forma de mirar la realidad. A través de esos lenguajes construimos imaginarios, instalamos preguntas, ampliamos lo que creemos posible y encontramos maneras de nombrar nuestras experiencias. De eso se trata el trabajo narrativo que ensayamos juntos en la Comunidad de Práctica de Familias:Ahora.
Las redes sociales se suman a ese entramado de disputas de sentidos, trayendo oportunidades y conflictos. Extienden la velocidad y el alcance con el que circulan las narrativas y las voces de distintos puntos del mapa. Por eso, desde el equipo de Familias:Ahora decidimos abrir un canal en Tiktok donde conectar con una nueva audiencia para disputar los discursos sobre familias, diversidad, cuidados y estaremos compartiendo los aprendizajes de ese proceso con esta Comunidad.
Pensar el trabajo narrativo implica mirar dónde circulan las historias, cómo llegan a las audiencias y qué transformaciones producen en ese recorrido. Las pantallas atraviesan la vida cotidiana: allí se aprende, se busca información, se fortalecen vínculos, se comparten experiencias y se forman miradas sobre lo que nos rodea. Al mismo tiempo, nos aíslan, nos vigilan, nos quitan atención y nos confunden con información falsa, tendenciosa y manipulada.
Hace algunas publicaciones recuperábamos una idea con música: “la gente pasa pero las palabras quedan”. Una frase que nos llevaba a pensar en el poder de narrar. Las historias pueden encontrar escenarios diferentes al que imaginamos al compartirlas y pueden moldear la forma en que interpretamos lo que vivimos. Las redes sociales son territorios donde suceden estos procesos, donde se fortalecen vínculos y se disputan sentidos.
Habitar estos entornos trae desafíos y contradicciones. Las lógicas corporativas que los organizan muchas veces entran en tensión con la construcción de narrativas capaces de acompañar transformaciones sociales.
Nuestra presencia en el territorio digital corporativo
Las plataformas digitales compiten por nuestra atención. El scroll infinito, las interacciones cada vez más polarizadas y la extracción compulsiva de los datos que generamos forman parte de un modelo económico de concentración de poder que premia la permanencia y la reacción inmediata. Por eso, los contenidos que despiertan emociones intensas, que generan sorpresa, indignación o identificación, se vuelven virales mientras que otros formatos y temáticas son invisibilizados por el algoritmo.
Otro de los grandes retos al comunicar en estos entornos es la simplificación. La profundidad y los matices muchas veces necesitan tiempo para desplegarse y se chocan con dinámicas donde la rapidez y la necesidad de captar miradas propias de las redes. Las experiencias que buscamos visibilizar surgen de experiencias y realidades con múltiples dimensiones. Encontrar una estrategia que permita ampliar su alcance sin perder profundidad forma parte del trabajo narrativo.
Las emociones también entran en juego. Una historia que conmueve puede acercarnos con empatía a otras experiencias y abrirnos nuevas preguntas. La dificultad aparece cuando las emociones son utilizadas únicamente para capturar atención, generar polarización, desplazar la reflexión o impulsar el consumo.
Cristina Vélez Viera señala en una edición del boletín de Las Lupas que hay estudios de economía de la atención muestran que el video vertical tiene cualidades inherentes que lo hacen más inmersivo, sobre todo ahora que los límites de la concentración humana se han reducido a pocos segundos en pantalla y que la mayoría interactúa con las plataforma digitales desde sus celulares en formato vertical.
En las plataformas también se organizan estrategias para disputar las conversaciones. La manósfera es un ejemplo de cómo distintas comunidades construyen y amplifican discursos antifeministas aprovechando las lógicas de recomendación de estos espacios. Otras veces, el objetivo ni siquiera es convencer: el trolleo coordinado interviene conversaciones para generar ruido, desgastar a quienes participan o vaciar de sentido los intercambios.
La forma en que miramos está tamizada por el contexto en el que vivimos, nuestros saberes y experiencias previas. Las historias que narramos y escuchamos proponen formas de ver, sentir e interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor.
La cineasta Lucrecia Martel nos recuerda que una película no se construye únicamente a partir de aquello que vemos. Sus obras trabajan con una particular atención sobre los sonidos, los silencios, los tiempos y las capas de información que conviven en una escena. Lo que se escucha puede tener tanto protagonismo como lo que aparece en imagen. Una voz, un ruido o una pausa pueden abrir una historia y modificar la forma en que interpretamos lo que sucede.
En las redes sociales se disputa esa posibilidad: quiénes cuentan, quiénes aparecen como protagonistas, qué discursos encuentran lugar para circular y con qué recursos se narra. Las imágenes, los sonidos y las palabras que elegimos compartir activan marcos de comprensión, a través de sentidos y emociones. Por eso, el trabajo narrativo consiste solamente en abrir nuevas formas de mirar lo que nos rodea.
Habitar las redes con sentido
En este contexto, para las organizaciones que trabajamos por el cambio social la presencia en el territorio digital tiene que tener un sentido estratégico y colectivo.
El trabajo narrativo necesita infraestructura. Las transformaciones culturales no ocurren a partir de una única historia, una única campaña o un único medio. Se construyen cuando distintas narrativas empiezan a circular, encontrarse y fortalecer nuevas formas de comprender lo que vivimos.
Una película puede abrir una pregunta. Un libro puede acompañar una transformación. Una experiencia comunitaria puede cambiar una mirada. Una publicación en redes puede llegar a alguien que todavía no había encontrado esa conversación.
El desafío de las redes sociales está en habitarlas sin perder la voz. Está en aprender sus dinámicas sin dejar que sus reglas definan por completo las narrativas que queremos compartir. Está en crear contenidos capaces de circular ampliamente, pero conectados con las experiencias, los valores y las comunidades que les dan origen. También, en poder apagarlas por un rato y encontrarnos en las calles y las plazas.
Como dice Marta Franco, las redes son nuestras. Hackiemos el algoritmo, recuperémoslas como espacio público con lógicas de funcionamiento y organización que sirvan a nuestras causas por un mundo que nos incluya a todas las personas.
Dejamos la pregunta abierta: ¿qué podemos hacer colectivamente para que las plataformas digitales sean un lugar donde sigan circulando historias que cuidan, que nos unen y que nos ayudan a imaginar otros futuros posibles?
As plataformas digitais são um território para o trabalho narrativo.
Por Minga
O cinema, os livros, a rádio e a televisão são meios onde, ao longo do tempo, circularam histórias capazes de transformar a nossa maneira de enxergar a realidade. É por meio dessas linguagens que construímos imaginários, levantamos perguntas, ampliamos o que acreditamos ser possível e encontramos formas de nomear as nossas experiências. É disso que trata o trabalho narrativo que experimentamos juntas na Comunidade de Prática de Familias: Ahora.
As redes sociais se somam a essa trama de disputas por sentidos, trazendo oportunidades e desafios. Elas ampliam a velocidade e o alcance com que narrativas e vozes de diferentes lugares circulam. Por isso, a equipe de Familias: Ahora decidiu criar um canal no TikTok para se conectar com um novo público e disputar as narrativas sobre famílias, diversidade e cuidado. Ao longo desse percurso, também compartilharemos com esta Comunidade os aprendizados desse processo.
Pensar no trabalho narrativo implica observar por onde as histórias circulam, como chegam até as pessoas e quais transformações produzem ao longo desse caminho. As telas atravessam a vida cotidiana: é nelas que aprendemos, buscamos informação, fortalecemos vínculos, compartilhamos experiências e construímos maneiras de compreender o mundo ao nosso redor. Ao mesmo tempo, elas também nos isolam, nos monitoram, disputam nossa atenção e nos expõem a informações falsas, tendenciosas e manipuladas.
Há algumas edições, retomamos uma ideia inspirada em uma música: “as pessoas passam, mas as palavras ficam”. Uma frase que nos convidava a refletir sobre o poder das narrativas. As histórias podem encontrar caminhos diferentes daqueles que imaginamos quando as compartilhamos e podem moldar a forma como interpretamos aquilo que vivemos. As redes sociais são territórios onde esses processos acontecem, onde vínculos se fortalecem e onde diferentes sentidos estão permanentemente em disputa.
Habitar esses ambientes traz desafios e contradições. As lógicas corporativas que os organizam muitas vezes entram em tensão com a construção de narrativas capazes de acompanhar processos de transformação social.
Nossa presença no território digital corporativo
As plataformas digitais disputam a nossa atenção. O scroll infinito, as interações cada vez mais polarizadas e a extração compulsiva dos dados que geramos fazem parte de um modelo econômico de concentração de poder que recompensa a permanência e a reação imediata. Por isso, conteúdos que despertam emoções intensas — que provocam surpresa, indignação ou identificação — tendem a se tornar virais, enquanto outros formatos e temas acabam invisibilizados pelos algoritmos.
Outro grande desafio, nesses ambientes, é comunicar a simplificação. A profundidade e as nuances muitas vezes precisam de tempo para se desenvolver, mas encontram pela frente dinâmicas marcadas pela rapidez e pela necessidade constante de capturar a atenção. As experiências que buscamos tornar visíveis são atravessadas por múltiplas dimensões e realidades. Encontrar estratégias que ampliem seu alcance sem perder profundidade faz parte do trabalho narrativo.
As emoções também entram em jogo. Uma história que nos comove pode nos aproximar, com empatia, de outras experiências e abrir espaço para novas perguntas. A dificuldade surge quando as emoções são utilizadas apenas para capturar atenção, gerar polarização, deslocar a reflexão ou impulsionar o consumo.
Cristina Vélez Viera observa, em uma edição da newsletter Las Lupas, que estudos sobre a economia da atenção mostram que o vídeo vertical possui características inerentes que o tornam mais imersivo, especialmente em um momento em que o tempo de concentração das pessoas foi reduzido a poucos segundos diante da tela e em que a maior parte das interações com plataformas digitais acontece pelo celular, em formato vertical.
Nas plataformas também se organizam estratégias para disputar as conversas. A machosfera é um exemplo de como diferentes comunidades constroem e amplificam discursos de ódio aproveitando as lógicas de recomendação desses espaços. Em outros casos, o objetivo nem sequer é convencer: o trolling coordenado intervém nas conversas para gerar ruído, desgastar quem participa ou esvaziar o sentido das trocas.
A forma como olhamos o mundo é atravessada pelo contexto em que vivemos, pelos nossos conhecimentos e pelas experiências que acumulamos. As histórias que contamos e escutamos propõem maneiras de ver, sentir e interpretar o que acontece ao nosso redor.
A cineasta Lucrecia Martel nos lembra que um filme não se constrói apenas a partir daquilo que vemos. Suas obras trabalham com uma atenção particular aos sons, aos silêncios, ao tempo e às diferentes camadas de informação que coexistem em uma cena. O que se escuta pode ter tanto protagonismo quanto aquilo que aparece na imagem. Uma voz, um ruído ou uma pausa podem abrir uma história e transformar a maneira como interpretamos o que acontece.
Nas redes sociais, essa possibilidade também está em disputa: quem conta as histórias, quem aparece como protagonista, quais discursos encontram espaço para circular e com quais recursos essas narrativas são construídas. As imagens, os sons e as palavras que escolhemos compartilhar ativam formas de compreensão por meio de sentidos e emoções. Por isso, o trabalho narrativo consiste, acima de tudo, em abrir novas maneiras de olhar para o mundo ao nosso redor.
Habitar as redes com propósito
Nesse contexto, para as organizações que trabalham pela transformação social, a presença no território digital precisa ter um sentido estratégico e coletivo.
O trabalho narrativo precisa de infraestrutura. As transformações culturais não acontecem por causa de uma única história, de uma única campanha ou de um único meio de comunicação. Elas se constroem quando diferentes narrativas começam a circular, a se encontrar e a fortalecer novas formas de compreender aquilo que vivemos.
Um filme pode abrir uma pergunta. Um livro pode acompanhar uma transformação. Uma experiência comunitária pode mudar um olhar. Uma publicação nas redes pode chegar a alguém que ainda não havia encontrado essa conversa.
O desafio das redes sociais está em habitá-las sem perder a própria voz. Está em aprender suas dinâmicas sem permitir que suas regras definem por completo as narrativas que queremos compartilhar. Está em criar conteúdos capazes de circular amplamente, mas conectados às experiências, aos valores e às comunidades que lhes dão origem. E também em conseguir desligá-las por um tempo para voltar a nos encontrar nas ruas e nas praças.
Como diz Marta Franco, as redes são nossas. Vamos hackear o algoritmo e recuperá-las como um espaço público, com formas de funcionamento e organização que estejam a serviço das nossas causas e da construção de um mundo que inclua todas as pessoas.
Deixamos uma pergunta em aberto: o que podemos fazer, coletivamente, para que as plataformas digitais continuem sendo um lugar onde circulam histórias que cuidam, que nos unem e que nos ajudam a imaginar outros futuros possíveis?
Lecturas que inspiraron este artículo | Leituras que inspiraram este artigo
- Franco, M. G. (2024). Las redes son nuestras: Una historia popular de internet y un mapa para volver a habitarla. Consonni.
- Lakoff, G. (2020). No pienses en un elefante: Lenguaje y debate político. Ediciones Península.
- La Lupa Digital: Justicia de Género.(mayo 2023) Disponible en: https://inspiratoriogenero.substack.com/p/conclusion-llego-el-momento-de-hacer?r=59hrp&utm_medium=ios&shareImageVariant=overlay&triedRedirect=true
- Martel, L. (2026). Un destino común: Intervenciones públicas y conversaciones. Caja Negra.